miércoles 11 de noviembre de 2009

EXEGETAS DE MEDIO PELO

Saramago, el gran escritor luso afincado en Lanzarote amenaza con una nueva novela: “Caín”; en este caso estará trufada (como anuncia su mujer Pilar del Río en un reciente artículo) de todo un repaso al Antiguo Testamento y aquellos mesianismos, religiosidades y tradiciones deuteronómicas que bajo la eminente y agudísima visión del octogenario nóbel tanto daño han hecho a la humanidad durante tantos siglos. “Caín no es un tratado de teología, ni un ensayo, ni un ajuste de cuentas” dice su esposa, o sea que se trata de las tres cosas, o pretendidamente en algunos casos lo es, pues en entrevista del diario El Mundo el pasado verano Saramago dice (cito textualmente): 'Las cuentas con Dios no son definitivas', ahí es nada, Saramago, henchido de humildad y sabiduría, esa que le dan los años ( o le quitan los años) se las arregla con Dios, o con la idea del Dios Yahvé del Antiguo Testamento. Se ve que es un tema que le ha quitado el sueño durante tantos lustros hasta que al final, ebrio de ajustar cuentas, ha escanciado por su pluma tan original temática. No sé si Saramago ha leído alguna biografía sobre Stalin; probablemente sí, y haya preferido mirar hacia otro lado, como suele ocurrir con este tipo de mentalidades (recuerdo ahora “El confieso que he vivido” de Neruda, otro literato y laureado nóbel, también comunista y de corte humanitario y buenista que sin embargo justificaba el comunismo a rajatabla, ese comunismo que pretendía igualar a todos los seres humanos, y que efectivamente bajo Stalin se logró no pocas veces, la igualdad de los cementerios y las fosas comunes que a todos nos igualan), porque no le recuerdo al Nóbel ninguna declaración pública en la que condene el comunismo totalitarista que asoló tantas almas y tantos pueblos. Yo le recomendaría a Saramago una biografía sobre padrecito Stalin, la mejor que hasta la fecha se haya escrito, y que viene muy al hilo de la temática del “miedo, del temor a Dios Padre” de la que tanto abomina. Según él el ser humano se ha esclavizado a la idea de Dios (hace falta idea más pueril) por el solo hecho de creer o tener fe. En la biografía que recomiendo: “Los que susurran”, de Orlando Figes, se indaga en la maquinaria de represión que perpetró la dictadura estalinista mediante un sutil mecanismo de coerción y miedo a ser denunciado por tu propio vecino (aplicado desde hace décadas en algún país caribeño). Susurrar en ruso admite dos acepciones, la del susurro para no ser oído, y la del susurro para denunciar. Ambos susurros cohabitaron en la antigua URSS durante décadas. Lo más doloroso de aquel régimen (pues Orlando Figes toma como fuentes la desclasificación de documentos entre 1990 y 1994, pero también y ahí esta biografía se presenta como originalísima, las entrevistas a numerosos supervivientes del régimen y del GULAG, y que son memoria viva, no papel celulosa de un infierno que históricamente hablando nos pisa los talones) era comprobar como tu vecino te denunciaba a la policía secreta; porque el mecanismo del miedo consistía en eso, en sentirte vigilado por tu propio vecino, por tu propio hermano, hasta crear un clima de paranoia y terror insoportable (paradigma de lo cainita). No sé cuantos millones fueron masacrados en el GULAG (el acrónimo debiera ser la GULAG, pues viene de Administración, administración de almas…), cuantos deportados, cuantos separados de sus familias (y alguien, muy frívolamente, o alocadamente nos compara la caída del muro de Berlín con la muerte de Franco, cosas veredes), cuantos disidentes e intelectuales acallados con la mordaza de la NKVD dirigida por el terrible Beria, porque las cifras son inexactas, imprecisas, esas estadísticas de la muerte sobre cuyos obituarios aún debe pervivir una de las mayores y más infames atrocidades (junto con el holocausto) que el ser humano haya sufrido en toda su Historia ( y si pudiéramos cuantificarlas, su densidad macabra no igualaría la cifra de víctimas por causa de las guerras de religión hasta mucho antes de la Edad Media). Pero es mejor mirar hacia el pasado remoto, hacia los viejos judíos de la Torá, hacia el mito Caín, que tanta literatura da el antiguo testamento a fin de cuentas; es mejor echar la mirada sobre un tema tan manido como las guerras de religión o el paleocristianismo, le concede a uno como una pátina de viejo sabio, como si la deconstrucción dialéctica (pretendido derribo, sus pretensiones son en algunos casos hilarantes) de unos textos sagrados de muchos siglos le concedieran esa elevación intelectual de la que sin duda se cree tocado por los dioses (si es que cree en más dioses aparte de los prebostes del poder político). Saramago debería escribir sobre la URSS de Stalin, pero no creo que lo haga, está ya mayor como para reconocer la verdad. Prefiere seguir remando entre aduladores, creyendo que lo hace contra marea, cuando su barca está encallada en tierra: porque en el fondo Saramago me atrevería a decir que es un galeote de su propio sectarismo. Yo me atrevería a decir, por acabar, que es un exégeta de medio pelo metido en un traje demasiado grande: pero se ve que la edad en este caso empuja a restar pudor y a sumar errores, siempre y cuando el que se equivoca no esté dispuesto a reconocer que yerra jamás.

viernes 30 de octubre de 2009

DESARRAIGO Y MEMORIA

V.S. Naipaul es un escritor, bajo mi juicio, entretenido y claro, aunque ya encaramado en esa edad senecta desde donde su obra puede declararse ultimada. Su opúsculo /ensayo “Escribir y leer” arranca a modo autobiográfico desde la memoria infante que le condujo a la vocación de escritor; digo arranca porque en seguida se desvanece por vericuetos memorísticos que más tienen que ver con sus recuerdos primeros allá en Trinidad que con su génesis particular del oficio de escritor en el que después caería, tras recibir una beca para estudiar lengua inglesa en Oxford. En V. S. Naipaul se respira una nostalgia del hombre que sufrió un doble desarraigo durante su infancia y que aún así supo escanciar la verdad de los tres mundos que le vareaban. Trasladado a la isla Trinidad, entonces colonia británica, sus orígenes hindúes copulaban en bastarda amalgama con la cultura de Trinidad; sumado a todo ello el venero /sacrilegio cultural-comercial de la pérfida Albion que le instruiría a través de Dickens, la gramática Collins, Oscar Wilde y otros grandes corifeos de la literatura británica. Naipaul relata como en el poblacho de Trinidad donde creció y fue educado, su padre (truncado escritor que entretenía las horas con sus aforismos y cuentos malogrados) le indujo e introdujo en esa pócima etérea que es la literatura cuando la realidad resulta demasiado anárquica (y cuando no lo es también) como para entenderla (entonces la literatura surge como un bálsamo propedéutico que logrará conjurar el asombro de lo casual, trocando lo casual en un causal que nos acerca al mito, el mito hindú en su caso, instaurando un cronos que erige una patria, una patria inventada). En su familia se celebraban los ritos del Ramayama, y Naipaul, en un rizado del rizo (como elipsis del desarraigo total del hombre, nadie tiene patria, todos formamos parte de una prosapia provisional o transitoria, la única patria es la infancia, que dijo Rilke) descubre que en el mismo descampo donde el ritual se realizaba, antiguos indígenas precolombinos habían sido masacrados en alguna lejana venganza de antiguas conquistas en el Nuevo Mundo. Aquí surge el fantasma que Naipaul, con gran maestría quiere introducir como un descubrimiento póstumo (la sorpresa siempre es la postrimería de la lógica o de lo esperado) a una errática genealogía errabunda, un fantasma que es el inconsciente propio y algo colectivo y que se anega a posteriori con la presencia de aquella tribu ancestral y vernácula de otra raza antigua y tan lejana en tiempo y espacio. Naipaul, ya trasladado en el relato hacia hectáreas prosísticas de estilo memorístico y excurso pedagógico, obvia el asunto primordial que le mueve de su génesis /literatura para recordar con esa melancolía que sólo puebla a los seres desarraigados, sus orígenes hindúes y la ocupación musulmana de la India muchos siglos atrás con sucesos recargados de dolor y tragedia de mano de satrapías y heresiarcas islámicos que ya hubiese querido Idi Amin en sus momentos de megalomanía más terrorífica ( y también la sumisión de un pueblo colimado entre mil dioses y mil jerarquías, un pueblo milenario que desde los Vedas permite al invasor tomar asiento sin rechistar demasiado). Naipaul en suma, sorprende por su novedad en lo contado, por su particular forma de estructurar la memoria y los sucesos que la constituyen ( a veces cuenta más con lo no dicho a lo dicho, en grave tributo al olvido, ese usurero del tiempo); sorprende su humildad dentro de su humanidad, y quizá como Stendhal debió ser un observador deformado por lo visto hasta el punto de sentir necesidad de inventarlo todo de nuevo, en pueril exorcización de los sentidos (“no guardo memoria-dijo Stendhal-de las cosas, quizá por eso me renuevo en la mirada encontrando nuevos puntos de vista, no puedo asociar ni almacenar recuerdos precisamente por esa falta última de cristalización de la perspectiva del momento”). Naipaul sorprende, he aquí un literato de novelas y viajes en que quizá él mismo sea el viaje.

miércoles 28 de octubre de 2009

SOBRE "AGORA"

Aportaré mi visión sobre el polémico y espinoso asunto Hipatia (no iba yo a ser menos) y ya de paso difundir gratuitamente la peliculita de Amenabar (Word sustituye Amenabar por “amenazar” automáticamente, ¿querrá el Office mandarme un mensaje pasado por alto?), aunque no lo merezca, qué más da. Hay algo interesante que me da qué pensar: Casi nadie sabía de su existencia, no digamos del tal Cirilo o de Orestes. Pero Amenabar nos retrotrae a una época, la del siglo V plagadita de sectas cristianas donde el paganismo aún poseía ese antropocentrismo polideísta cuyo vértice eran los instintos humanos y proteicos salpimentados por virtudes como la templanza o la justicia que después el cristianismo se encargaría de adoptar (aunque el arrianismo había caído tras Nicea y desbrozado un camino a tantas sectas separadas del dogma, sin ir más lejos el propio San Agustín fue maniqueo antes que fraile allá en el siglo IV). Casi nadie (hablo de la vulgata que ingerimos palomitas mientras vemos tales filmes) sabía de Hipatia y de la biblioteca esa donde no sé si expedían carnets y habría funcionarias con cara agriada (como en la Biblioteca Nacional de Madrid) ametrelleando teclados (el teclado, antes la máquina de escribir, es/ fue el piano del escritor que dijo no sé quien, también la ametralladora impiadosa del funcionario), la gente lo solía confundir si acaso con otra Gran Biblioteca, destruida un siglo antes del suceso hipatiano. No sé si el instigador de tan horrible crimen fue Cirilo, no sé tampoco si verdaderamente la película es fiel a los hechos históricos (de unas eximias y exiguas fuentes históricas como la de Sócrates de Alejandría) y sólo le movió a Amenabar un cierto espíritu de revanchismo o de estigmatización y denuncia de esa parte oscura del ser humano que a veces surge entre legos, profanos o religiosos y que la historia ha provisto incansablemente sin hacer cuenta de los crímenes de toda una especie (olvidados tomos de los obituarios, salpimentados bajo el ojo del Creador por lágrimas impresas de ignominia). No sé si Amenabar es fiel a su propia conciencia y por tanto no podría ser tildado de tener mala fe, no lo sé, pero lo que si sé es que sin duda hay algo extraño en todo esto de Hipatia (y al igual que con superproducciones como Alejandro o comics fílmicos como 300 el pueblo llano sepamos de determinados acontecimientos históricos más o menos deformados o tuneados por gracia del director). Quiero decir, se recuerda a Hipatia por su propia muerte (o el crimen que cometió una turba de fanáticos) que por su propia vida, es decir, se la eleva a mártir laica, pero lo curioso es que el recuerdo de su martirologio es el recuerdo de una muerte injusta nunca satisfecha por su causa; quizá la confusión provenga de creer que un movimiento laico o pagano (sea durante este siglo o en el siglo que sea) pueda creer que morir por algo en lo que a fin de cuentas no cree (el reverso prosaico de lo sagrado parece ser el espejismo mortal y pasajero de los eterno) le de más sentido a aquello en lo que supuestamente creen. Es decir, si los mismos que lloran (como por ejemplo Amenabar, metafóricamente hablando, claro) las muertes de determinadas personas como por ejemplo Hipatia nunca han podido reconocer que fenecer de frente y sin miedo por algo de tipo trascendente-religioso (lo que es la entrega de un martir por su propia fe, véase Santa Bárbara por ejemplo, torturada y asesinada también un siglo antes que Hipatia) tenga sentido, por qué la muerte por una causa en la que por no trascendente y profana aún merece menos la pena creer (y es que de hecho no creen, y el relativismo es un absolutismo) sin embargo sea revestida de mayor legitimidad y trascendencia…, ahí sí que la cosa no cuadra de ninguna manera, o es un crimen (el estigma del/ los homicidas guardará la memoria del espantoso suceso) o es un martirologio (el perdón o la expiación de sus verdugos por parte del martir guardará la memoria del ya no tan espantoso suceso), pero ambas cosas son disímiles e incompatibles. Hipatia sería una grandísima mujer, no lo pongo en duda. Sus captores/ asesinos una banda de fanáticos de la época, no lo dudo tampoco; pero cambiar las tornas con el resultado revestido de inversión especular como tanto le gusta a este director y ya de paso colarnos por tal acontecimiento singular en el tiempo toda una tesis moral e inquisidora sobre el cristianismo en su conjunto, ya me parece como excesivo. Pero en fin, no lo censuro (si la crítica acaso no llevase el peso censor de la deformación de la verdad, pero mi verdad acaso es igual de sospechosa que la de cualquier otro), la gente debe ir a verla, no creo que alguna demagogia en el piélago de iniquidad moral que nos anega pueda desvirtuar más la verdad, de lo que ya está. En cualquier caso espero que 50 millones de euros no haya sido un presupuesto excesivo para desvestir la verdad, pues mentir o faltar a la verdad siempre resultó económico y sin embargo a la larga bastante caro.

domingo 25 de octubre de 2009

EL MONUMENTAL DESPRECIO POR EL SENTIDO COMÚN

Le tengo cierta simpatía a Javier Marías, sus novelas son buenas y guarda cierta elegancia en sus maneras y modos, tiene un estilo depurado y una narratividad interesante, no obstante, el ínclito miembro de la Real Academia Española no tiene precio como articulista. Quien quiera atajar en lo que voy a contar no tiene más que leer su artículo de hoy en El País Semanal “El gubernamental desprecio por el sentido común” y sacar sus propias conclusiones, pues por su densidad y originalísima temática (por cierto dedicado a la “libertad”, el caso es que como me lee bastante le inspiro después ciertos artículos), merece un comentario de texto, comencemos:

Entre los muchos síntomas de enloquecimiento que en los últimos tiempos presenta el Gobierno de Zapatero

podrían ser signos de enloquecimiento, o incluso signos de locura, o incluso podríamos decir que ZP está loco, pero Marías tiene clase, mejor es decir que “el gobierno ZP”, gran eufemismo desinformativo, posee “en los últimos tiempos, síntomas de enloquecimiento”, o sea que el gobierno fue un dechado de cordura allá en la primera legislatura cuando los archivos de Salamanca, cuando el pacto tripartito, cuando las conversaciones con Batasuna-ETA, pero más adelante Marías explica por qué el gobierno ha perdido el norte y la cordura, lean lean.

(en España deberían prohibirse las segundas legislaturas, porque en ellas todos los Presidentes pierden el norte, cuando no el juicio, como Aznar),

deberían prohibir las segundas legislaturas y que siempre fueran primeras, el problema no es la persona, Javier ( o el personaje) sino la legislatura, que gran análisis, el personaje se endiosa en plan Ciudadano Kane y se vuelve loco en un rapto megalómano de difícil solución; miren a Aznar por cierto colado de matute por primera vez en la historia de El País sin que aparezca en el mismo párrafo las palabras “guerra Irak”

“hay uno al que se presta poca atención y que a mí me parece de los más graves, por lo que significa y deja traslucir: nada menos que el más absoluto desprecio por la democracia.”

Claro Señor Marías, es que ZP (perdón, el gobierno ZP) siempre fue un amante de esa democracia cercenada y discontinua que venía de tiempos de la II República y que el socialismo de pro rescató frente a los malos que son los del PP; ZP siempre fue un demócrata de los pies a la cabeza, por eso decidió que lo último que necesitaba la democracia para ser tal era encalomarle un juicio sumarísimo al franquismo de la mano de su amigo Garzón y una ley de memoria histórica que resucitara esos cadáveres cuneteros de las dos españas y armar las de Caín, ZP se ha mostrado tan amante de la democracia que le parece que un bien tan universal debiera instaurarse incluso en los cementerios.

Como saben, hace unos años el Gobierno y el Parlamento aprobaron una ley antitabaco que puso considerables restricciones a los fumadores, a los que ni siquiera se permitió disponer de un espacio cerrado, en sus trabajos, para echarse un pitillo de vez en cuando.

No ha sido la píldora del día después, tampoco la nueva ley del aborto en la que una menor de 16 años podrá abortar sin necesidad de conocimiento y consentimiento de sus padres, tampoco fueron las relaciones con el entorno de ETA, por supuesto tampoco el estatut, ha sido “la ley antitabaco!!”, claro: aquí el gobierno ha enseñado ya por fin la patita, ha mostrado sus síntomas de enloquecimiento, con esa irresponsable intolerancia e intransigencia, un gobierno ZP además incoherente, que deja abortar pero no deja fumar, es como de locos. Estoy de acuerdo; debería dejar fumar pero no sólo tabaco, sino drogas, sería mucho más coherente. Desde luego.

A los bares y restaurantes se los obligó a separar tajantemente las áreas de fumadores y de no fumadores si sus locales sobrepasaban los cien metros cuadrados, lo cual les supuso a muchos hosteleros costosas obras y reformas.

Fue terrible: uno de los más duros y dolorosos golpes económicos que recibió el tejido servicios en España después de muchos años, en VIPS aún siguen haciendo obras algunos establecimientos me han dicho.

En cuanto a los de menos de cien metros, se dejó, lógicamente, que los dueños decidieran si los suyos eran espacios libres de humo o no, es decir, se les concedió cierto grado de libertad.

Aquello era el Guantánamo del fumador, pero a los dueños se les concedió “cierto grado de libertad”, a esos dueños de locales de menos de cien metros, por desgraciados.

Ahora Zapatero planea acabar con esa libertad, y promulgar una nueva ley que prohíba fumar en todos los bares y restaurantes sin excepción y sin que, absurda e injustamente, los propietarios puedan opinar ni decidir al respecto.

Ni tampoco los fumadores, desde luego es una ley de lo peorcito que se ha hecho en la historia de la democracia; eso de ir a un bar a tomar tu solysombra y no poder echarte tu cigarrito, Javier, es como para volverse loco. Cada vez tengo más claro que hay que manifestarse, este ZP va a ser peor que Aznar.

Así, la libertad que Zapatero y su entonces Ministra de Sanidad Salgado otorgaron en su momento para elegir, ha resultado ser una libertad de quita y pon, falsa y condicionada. Como el uso que la mayoría de los hosteleros hicieron de esa libertad no fue del agrado del Gobierno (que deseaba que prohibieran fumar), entonces se les retira sin más.

Es una libertad la de dejar fumar de quita y pon; igual que la ministra Salgado o el ex-ministro Solbes, fueron de quita y pon. O incluso los presupuestos generales, de quita y pon, o los pactos con ETA, de quita y pon, o las estatuas que son de quita y pon (especialmente las del Caudillo, un tal Franco), o la mayoría de edad, que es de quita y pon, o el Estatut y su aprobación, que es de quita y pon. Incluso la verdad es de quita y pon. Esperemos que los votantes decidan demostrar que también este gobierno es de quita y pon, Javier.

No sé si ustedes se dan cuenta de la gravedad del asunto y de lo antidemocrática que resulta la actitud zapateril o gubernamental.

Sí, sí, nos damos cuenta, eso de no poder ir a la salita de espera y echar un cigarrito mi niña mientras decide ir a abortar a mis espaldas es terrible, es de lo más antidemocrático que he visto nunca, desde tiempos del III Reich.

Denota el mismo desprecio por la voluntad de los individuos que si se les dijera: “Miren, estamos en un sistema democrático y por lo tanto ustedes pueden votar y elegir a sus representantes cada cuatro años. Ahora bien, si no eligen como nosotros esperamos y deseamos (esto es, si no nos votan a nosotros), entonces cambiaremos las leyes, suprimiremos ese derecho y no les permitiremos acudir más a las urnas, ya que en ellas no depositan el papel que nos gusta. Ustedes disponían de esa libertad, pero sólo en la medida en que nos complacieran con ella, en que supieran interpretar nuestros deseos y los satisficieran. Si no es así, se acabó tal libertad”.

Me pregunto sin tan profunda e intrincada reflexión la has realizado mientras te echabas un cigarrito sin nada raro dentro, aparte de tabaco…, con semejantes aclaraciones dejas a Montesquieu o a Popper como verdaderos idiotas, so abusón.

¿Verdad que ante semejante mensaje la ciudadanía se rebelaría (o eso espero; con las cada vez más amplias tragaderas de la gente, y su mayor indiferencia ante las injusticias y la corrupción, ya no lo sé)? Pues lo que se proponen Zapatero y la actual Ministra de Sanidad Jiménez es, a escala reducida, el mismo atentado contra la democracia y las libertades.

Sin duda, un atentado contra la libertad del individuo que ni Bush, oiga; como no nos dejen fumar nos vamos a manifestar a Sol y ya de paso pedir a Rajoy que dimita de la oposición por corrupto (glup!)

La principal razón que estos políticos aducen para el endurecimiento de esa ley antitabaco es que España debe amoldarse a lo que rige en los países “de nuestro entorno”.

Parece que lo dijeras como si te lo hubieras creído y mereciera una reflexión aparte…

Que yo sepa, los Estados Unidos, el histérico e hipócrita propulsor de estas campañas, no es precisamente de nuestro entorno.

Acabáramos….!, la culpa es de Bush, no, no, aún peor, de los Estados Unidos, el histérico e hipócrita EEUU que no deja ya ni fumal, válgame.

Pero lo que nuestro trivial y adocenado Gobierno no se para nunca a pensar, mostrando su increíble falta de personalidad, es si una ley es en sí justa o no, independientemente de las injusticias cometidas “en nuestro entorno”.

La del aborto fue para acallar a las malas conciencias que dentro del gobierno se estaban formando por promulgar tan injusta ley antitabaco, ahora me lo explico todo.

Los no fumadores fundamentalistas se quejan de que no pueden entrar en muchos bares, por lo que exigen que sean los fumadores los que a partir de 2010 no puedan entrar.

Y como tan injusta ley prospere creo que los fundamentalistas fumadores tampoco podrán entrar en los bares, y eso sí que sería de jugado de guardia o como para perder el juicio, como Aznar.

Según esa argumentación, podrían exigir que no hubiera locales topless aquellos que no quieran ver tetas sobre un mostrador, o que no haya billares los que detesten su ambiente, o discotecas los que no soporten el ruido, o casinos los que ven con malos ojos el juego o temen caer en él. La gente, simplemente, se abstiene de entrar o de llevar niños a ciertos sitios, pero no exige que esos sitios dejen de existir, como se pretende ahora con los espacios en que se puede fumar.

A mi eso de las tetas sobre el mostrador me suena a película gore en plan Tarantino, pero en cualquier caso, es cierto, has dado en el clavo: es como si no deseara la existencia de los Estados Unidos, aunque nunca haya vivido ni vaya a vivir allí, o como si me preocupara la Guerra de Irak, por ejemplo, cuando nunca me he enterado ni me ha importado ni una sola guerra de las que festonean el continente africano desde hace décadas. Bien mirado, tienes toda la razón.

Yo no tengo coche, y me gustaría que cuantos lo tienen dejaran de utilizarlo y de atentar contra mi salud en mucha mayor medida de lo que lo hacen los fumadores, pero no se me ocurre pedir que no se circule en automóviles particulares y que se use sólo el transporte público o la bici.

Es verdad, además los coches al igual que los cigarros sólo sirven para ensuciar los pulmones; todo el mundo sabe que el coche, ese pandemonium inventado por el hipócrita e histérico EEUU sirve para engordar las cuentas de las grandes compañías petrolíferas.

En cuanto a los Gobiernos, su grado de hipocresía salta a la vista si se recuerda que casi todos ellos, mientras dicen proteger la salud de la gente con sus leyes antitabaco, se dedican a vender armamento por doquier y al por mayor, incluido el de Zapatero.

Pero Javier, mírate la ley, porque lo que está prohibido es matar en lugares públicos, en lo privado, por ejemplo en cierto tipo de clínicas creo que sí, que el gobierno de ZP está muy metido.

Por lo demás, es fácil prever lo que traerá la nueva ley, y que ya ha ocurrido en Italia: los bares y restaurantes instalarán más terrazas (para beneficio y recaudación de los Ayuntamientos),

Como se entere de esto Gallardón nos manda a Madrid 2020, ya sin dudarlo un segundo más.

en las que en invierno pondrán calefactores, para que la gente se siente en ellas a fumar.

Y encima, esos calefactores afectarán a la capa de ozono, como si lo viera, que degenerados.

En un país tan bullanguero, ruidoso y vociferante como el nuestro, lo más probable es que los no fumadores fundamentalistas pasen a ser insomnes perpetuos.

Lo que nos faltaba, porque los fundamentalistas fumadores de Lavapiés creo que insomnes ya lo son.

Al escándalo permanente de los botellones habrá que añadir el de los fumaderos al aire libre. Creo que, más daño que el humo para los que lo elijan, harán la falta de descanso y los nervios de punta para todo el mundo. Suele ocurrir: el desprecio por las libertades trae más males que remedios.

Al final la teoría aquella de la libertad reconducida a un concepto tan vacío y huero como el de aire-libertad o espacio-libertad cobra pulso y valor de la mano de nuestro amigo Javi Marías; ciertamente de su mano podremos acendrar un nuevo concepto: el del humo-libertad, que es mitad humo, mitad libertad como su profundo y muy veraz análisis…

martes 20 de octubre de 2009

LIBERTAD LIBERTAD (PLAGIANDO A CHESTERTON)

Dentro de la nueva teogonía de novísimos valores ciudadanos se nos van inoculando algunos que pujan con sustituir a las propias virtudes teologales cristianas, como remedos falsarios de este nuevo credo que amenaza con lobotomizarnos y dejarnos con menos atractivo intelectual que los zombis víricos de Rec. Frente a la fe, que es creer en lo imposible se yergue y solicita la confianza ciega, que es seguir al líder aunque este nos conduzca hacia el abismo. Frente a la esperanza, la nueva dogmática socialista nos egresa el rencor hacia el pasado que es el negativo que requiere su simetría temporal respecto al futuro para recordarnos constantemente que este presente fue forjado merced a padecimientos pasados. Frente, por último a la caridad, tenemos la solidaridad, pero mientras la caridad es una virtud teologal que consiste en perdonar y olvidar lo imperdonable, la solidaridad lo que busca es la práctica utilitarista ribeteada de pringue sensiblero o incluso cursi, pero utilitarista y efectista en cualquier caso pues busca la corrección de la injusticia económico-social del individuo a base de desvestir a otros a golpe de decreto, es decir, la solidaridad es un sentimiento tan poco sentimental que es mejor que el Estado lo sienta por nosotros, porque nosotros no lo entenderíamos. Pero existe una, de viejo cuño, la más ramplona y falaz de todos los dogmas del hombre nuevo, se trata de la archimanida “libertad”. La libertad comenzó siendo como un mantra de efecto placebo y abotargante, el pobre sometido y gangrenado por el supuesto ilotismo que padecían sus abadernadas carnes (muchas veces se confundía la dictatorial férula del jefe en el trabajo con el imaginario corsé del Estado, otras la desdicha doméstica conyugal irremisible y desesperada) sólo debía gritar a pulmón libre la palabrita para que un lenitivo recorriera las células de su cuerpo hasta hacerle sentir más libre, más ciudadano, porque un ciudadano libre sobre todo debía aprender a poder gritar por las calles cuando y como quisiera; las primeras elecciones nos aleccionaron sobre tal ejercicio saludable, pregonando eslóganes e invitaciones a votar a tal partido con ayuda del altavoz, en seguida aprendimos mucho, echándonos a las calles y al monte a manifestarnos a grito pelado, éramos ya unos profesionales de la libertad. Cuando era reprimido y perseguido (incluso castigado con porras y bolas de goma) el gritar libertad, la función terapeútica de dicha entonación era más aliviante y uno podía disfrutar de sus efectos duraderos tras los acerados barrotes de la Dirección General de Seguridad, así era la Libertad, tan alucinante que hasta en la cárcel uno era más libre…; de verdad que no existe concepto más vacío y prestado a la demagogia que el de la libertad, tan vacío, tan preñado de insignificación múltiple, tan manoseado que ya nadie sabe qué significado realmente tiene dentro de la sociedad; o peor, todo el mundo cree entenderlo casi como valor axiomático, pero realmente casi nadie vislumbra su dimensión y alcance. Si la libertad es la posibilidad de poder ser, entonces nadie es libre porque casi nadie es en el sentido de poder realizarse; sin embargo, instrumentos como el fútbol, el ocio televisivo o las nuevas tecnologías hacer creer al individuo que realmente es libre, cuando su grado de esclavización es mayor incluso al tener que depender de esos sumideros lisérgicos donde pretende conjurar su sumisión lazándose aún más en unas cuerdas que no le permiten ser. Sin embargo, algo en el fondo de cada conciencia aplasta con una fuerza de tal magnitud que el más aletargado ser humano no puede sustraerse del sentimiento de postración al que está sometida por tales invisibles fuerzas, por eso, el estado ya se encarga de recordarnos que vivimos en un país democrático donde podemos manifestarnos, donde disponemos de un abanico de posibilidades del ocio y el bienestar que rayan el paraíso en la tierra; pero cuando una crisis económica y social se encrespa entre los más débiles, muchos sentirán el abismo que se vislumbra en su interior, pues comprende que la libertad de ser algo no puede calibrarse sobre materias de orden no espiritual. Vaticino que este invierno la libertad va a estar de moda en la teoría y en la práctica: los doctores del nuevo credo están ya preparando recetitas de nuevas libertades, de esas que con su solo pronunciamiento los desempleados podrán prorrumpir en desparrames varios que les exorcice su pesar, y ya de paso el gobierno se libre de manifestaciones hórridas, esas que en un tiempo ejercitaban los amantes de la libertad, pero es que el pueblo no se entera…ahora ya se llevan otras libertades mucho más modelnas y eficaces.
PS. Con el permiso de aquel "hombre de genio colosal", en justas palabras de George Bernard Shaw: G.K. Chesterton, inspirador de este artículo.

domingo 18 de octubre de 2009

FRACASOS DE LEY

La legalización del aborto es la legalización de un fracaso cuya impostura moderna nos la quieren vender como de éxito del estado como modelo protector del individuo. El socialismo ha logrado convencer a su lúmpen sobre un sofisma insostenible, que consiste en dar salida a una ecuación en la que conviven la primacía de la sociedad o el todo sobre el individuo o las partes (vieja regla ideológica de la vieja Europa) frente al numen (pero no es más que una mistificación de los sofistas de medio pelo) de pretender primar al individuo frente al estado, cuadrando el círculo en tal argamasa ideológica que impide dilucidar el principio y el fin de las libertades entre estado e individuo. Como bien se extrae de tal fórmula, podrá aducirse o invocarse al estado si una parte de la sociedad se manifiesta contra la nueva ley del aborto, acordonando a dichos sublevados mediante la mera estigmatización de los mismos consistente en tildarles de egoístas (no miran en pro del bien del todo) y de mesianismo religioso y quizá hasta gótico, pues considera el gobierno que cualquier voz altisonante en contra de dicha ley del aborto está incardinada entre los prejuicios dogmáticos de la religión más oscurantista e intolerante (y recuerdan a Savonarola entre las llamas de aquel renacentismo inquisidor), de manera que, estos manifestantes se convierten en unos intolerantes que no permiten la imposición de una ley que tolera el aborto mediante unos simples plazos. Curiosamente, yo veo un isomorfismo o simple símil entre el estado y el individuo y la mujer y el nasciturus que se gesta en su interior. El estado, como Dios Padre desposee o adjudica de unas leyes (aparentemente preconcebidas para investir de libertad al individuo, la libertad que emboza su propia libertad dilapidada entre tanta ley de su albedrío) como hijo natural que debe alimentarse ideológicamente del cordón umbilical de su señor; asimismo, si este hijo no fuera deseado ese cordón umbilical del estado pudiera yugularse o cercenarse en pos de sus hijos sí deseados (los que cuadran en su programa de mamandurria ideológica y pienso electoral). Vuélquese dicha idea sobre la libertad de la madre y el nonato, aún perdido entre el bosque de semántica del estado (que si un ser vivo, que si una hoja, que si el ser y que si la nada, en un cambalache ontológico de piratas del diccionario) y su limbo intrauterino, lugar físico de la madre que por mor de su voluntad terminará por dirimir el fracaso que supuso su inesperada venida con la interrupción de una vida que como el individuo-masa no cuadraba en su genealogía, convirtiéndose en un ser desposeído de lo único que podría plantearse como ajeno a la propia madre, la propia vida. Y es que al igual que el estado, dicho ser se convierte en prescindible y contingente, degradándose la libertad propia de la madre, al igual que se degrada la libertad de la sociedad, reconvertidos en galeotes de sus propias sevicias y fracasos, pero investidos de un algo intangible y falaz que consiste en hacerles creer que son dueños de su propia vida y de su propio destino, cuando la realidad es que el estado-gobierno o gobierno-estado ha desarrollado unos cordones como ófalos que garantizarán el adocenamiento lanar de una masa incauta abastecida de soma o de tele o de fútbol o de tantos prescindibles circos que le hagan olvidar su último bastión, el de su propia libertad, resentida y yerma entre las catacumbas de un spleen que el estado se encargará de hacer duradero. El gobierno debiera promulgar y evacuar leyes que ayudaran a tantas madres desesperadas en la encrucijada de un hijo no deseado; no seré yo quien enumere las mil fórmulas alternativas que puedan salvar al hijo y a la madre de un destino fatal; pero entre las pautas del “hombre nuevo” deben constar la del “sacrificio”, ese sacrificio que concede al nuevo credo de un espíritu de libertad rayano en el deísmo (ay, la vanidad humana!), especialmente cuando el sacrificio viene impuesto sobre los otros…, sobre el fracaso de los otros, entonces el éxito de su vellocino refulgirá con más esplendor.

lunes 12 de octubre de 2009

CENDRARS

Blaise Cendrars fue el vagamundo máximo en aquella generación de esnobs errantes, pues tenía el gusto de conocer por conocer y le poseía la tremolina pasional del torero, del pirata y del legionario: la pasión de la experiencia extrema, y una curiosidad inagotable por rodear todo el planeta con sus viajes, como si hubiera venido a otro planeta por poco tiempo y hubiera que estrujarlo al máximo, el tiempo, digo. Blaise Cendrars es el poeta entreguerras de los años 20 que más se fuma la modernidad con su vagabundeo que es como un soñar al margen del mundo. Blaise Cendrars pudo recorrer el mundo entero, y hacer parada en Paris por unos días para saludar a sus amigos que entonces andarían por la Closerie des Lilles con un Hemingway aún no alcoholizado y una Gertrude Stein sobresaturada de paranomasias y aliteraciones. Quiere uno decir que Blaise Cendrars fue el golfo máximo en aquella generación de esnobs de pluma y de plumífero, pues tenía el gusto de conocer por conocer, y una curiosidad inagotable por rodear todo el planeta con sus viajes, antes incluso de que se inventara el reportero gráfico y de que Pérez-Reverte nos instruyera con la gallardía y dificultad que supone tan arriesgada profesión. Todo le interesaba y todo lo digirió con su mirada doble de poeta sintético que estaba inventando un arte además de un instrumento. Blaise Cendrars es el genio de la curiosidad por la curiosidad, y tiene la capacidad de fascinarse con todo lo nuevo y que comprende que prima vivere, deinde scribire si acaso quedan fuerzas y ganas de trasladar experiencias al papel (Viramundo, Moravágine). Cendrars vino al mundo para ver el mundo y no para ninguna otra cosa, aunque la primera guerra mundial le dejase manco, y ya se sabe de los mancos literatos, son terribles. Lo contó mejor que nadie en La main couppé y a medida que iba teniendo más curiosidad superturística amenguaba más el laconismo de sus relatos líricos y máximos, pues hay en Cendrars una urgencia inexplicable por conocer el mundo cuando ni el mundo ni él tenían ninguna prisa. Pero aquella temperatura crepitante de los años 20 le hizo sentirse el ciudadano urgentísimo del universo que tenía que contarlo todo, cuando faltaba tanto tiempo para la hecatombe del 40. De estas necesidades reales o ficticias le nace a Cendrars un estilo propio que tanto celebrase Henry Miller, un estilo personal, una poesía que avanza a golpe de imágenes y que ha dejado atrás la música como acabamos olvidando el piano viejo y oxidado del viejo bistró o del olvidado figón. La música fue el modernismo, fue el simbolismo, fue Mallarmé, fue Moréas. Aquella generación de entreguerras, desde Apollinaire al citado Cendrars, hace de la imagen, de la metáfora, la clave de su narrativa lírica, renunciando a la música. La poesía, para ellos, está en la imagen. Esto lo hereda el surrealismo y después lo hereda nuestra española generación del 27. No es que nadie abjurase de nada, sino que Victor Hugo, Verlaine y Rubén Darío habían muerto a manos de un adolescente cruel, que era Rimbaud, o de un pianista aristocrático y furioso que era Lautréamont. Fue el imperio de la imagen que todavía nos sigue proveyendo de metáforas. La poesía del siglo XX fue ante todo imagen. En España venía de Góngora y Quevedo y esto le dio un sedimento y una potencia que la hicieron inmortal, en complicidad siempre con la prosa poética. Cendrars, que no podía prever nada de aquello, trabajó siempre con imágenes porque para eso había elegido autodestinarse al mundo de las imágenes, orientales y occidentales. Hay en Cendrars un curioso detallismo de los datos, y junto a una fabulosa metáfora del crepúsculo nos da el precio de un billete de tranvía. Todo ayuda a situarnos donde él quiere. Hoy se ha vuelto a la poesía de la música, en cierta medida, pero la imagen sigue valiendo más que mil palabras, siempre que sea de un gran poeta. Era tan frívolo, tan canalla, tan viajero, tan diplomático, que todo esto le daba igual. Lo que le importaba era conseguir ese relato de viajes a partir de las experiencias de la noche anterior, poema o cuento que escribía partiendo de las notas rápidas, como de periodista, tomadas sobre la marcha. Cendrars acarreó un mundo de imágenes realísimas y soñadas que tienen en su obra la velocidad de la inspiración. Ya no hay poetas así. Seguimos haciendo guerras y nóbeles de la paz que hacen guerras por la paz, pero de nuestras guerras sólo nacen los enviados periodísticos brutales que llenan de ignorancia el conflicto. Cendrars era otra cosa que no será ya porque el mundo ya no es el mismo ni volverá a serlo.

lunes 14 de septiembre de 2009

DE FLOREROS Y PUÑOS

Los nuevos vástagos y vástagas del PSOE comienzan a enseñar el puño de su beligerancia: Leire Pajín y Bibiana Aido mostraron hace unos días en Rodiezmo sin ningún tapujo su dilección por los símbolos y viejas consignas del socialismo de Pablo Iglesias que Felipe González periclitase allá en plena transición (cuando el PSOE purgase de sus presupuestos políticos el marxismo), cuando las reglas del juego de partidos y conciliaciones irreconciliables sugerían una ruptura con Moscú, no fuera a ser que en palabras de Alfonso Guerra “el que se moviera no saliera en la foto”. En realidad estas dos pipiolas del nuevo socialismo español no son del todo conscientes de su gesto, un gesto que como remedo siniestro de la internacional comunista (el puño comunista se alza con el brazo diestro) desprecia a esos millones de deportados y masacrados en el archipiélago Gulag que denunciase Alexander Solzenisthkin, un gesto ese del puño en alto que como el saludo romano fascista recuerda a totalitarismos y revoluciones sangrientas, a tantas luchas obreras de aquel credo marxista que apostolada por desestructurar la lógica socioeconómica de la historia a base de engordar los tomos de los obituarios. Leire Pajín y Bibiana Aído son dos jóvenes mujeres que han crecido a la sombra de la mamandurria de su teta-partido, nacieron después de la muerte de Franco y como bebés-probeta de la ideología felipista antes y zapaterista ahora, sus filtros para discernir con objetividad la historia están colmatados por tanta basura ideológica y falacia historicista con que sus familias biológicas e ideológicas (ellas son fámulas) les han ido inoculando desde pequeñitas. A Leire y Bibiana les han explicado ya desde su edad púber que la democracia actual es la legítima y discontinua heredad de aquella fantástica república que fuera desvencijada mediante un golpe de estado perpetrado por un enano cabrón más malo que el doctor maligno de los Austin Powers. Desde luego nuestras cuatro décadas de dictadura de derechas no son para sentirnos orgullosos, pero ello no implica que la república que fuese demolida a base de sangre fuera un dechado de paz social y democracia, hay que ser un epígono de dontancredo para después de leer cualquier tratado de la historia de la II República y la Guerra Incivil española (y da igual el signo, los que no hayan leído nada y no estén de acuerdo que tampoco sigan leyendo esto, podría cortocircuitar sus consignitas programadas) no comprender que determinados episodios en la historia son detonados por determinadas circunstancias sociales: creo que la causa-efecto en la historia es más precisa en su acción-reacción que lo previsto por la tercera ley de Newton en cuanto a causalidad de las fuerzas. Uno descubre que aquella insigne II República había obligado a exiliarse a Alfonso XIII tras unas elecciones municipales en donde las izquierdas habían ganado en las principales ciudades, pero no en el cómputo global. Uno descubre que determinados políticos como Largo Caballero anhelaban imponer una comunidad ibérica de repúblicas socialistas que fuera un satélite de la URSS. Uno descubre que la sublevación de Asturias en 1934 por ejemplo es la prueba irrefutable de que oscuras maniobras políticas pretendían servirse de la democrática República para imponer la dictadura de ultraizquierda. Fue un tal Franco, pero pudo haber sido cualquier otro, la Historia no actúa sobre casualidades, sí sobre causalidades y su camino a veces es inexorable (por ello mismo se alcanzaron imprevisibles acuerdos entre antagonistas durante la última transición española). Leire y Bibiana para mí están eximidas de responsabilidad, porque apenas pueden comprender que toda esa faramalla ideológica que han consumido les ha dejado las entendederas lobotomizadas como a Jack Nicolson en “Alguien voló sobre el nido del cuco”. Lo que no puedo justificar es lo de Alfonso Guerra: porque él sí participó en los pactos de la Moncloa allá en los 70, porque forjó junto a Felipe ese gran partido de pretensiones socialdemócratas a pesar de sus muchísimos errores, incorporándolo con naturalidad a las gentes de la centro, de izquierda e incluso de derecha, ¿qué razones tiene Guerra para actuar de tan ridícula manera?, ¿quizá comienza a perder facultades? Pienso que ha perdido las vergüenzas pero que en el fondo siempre poseyó el germen recalcitrante de la impostura comunista. Guerra ha alzado el puño mientras cantaba La Internacional con nostalgia de revoluciones nunca consumadas. Han brillado en ellos los puños desnudos, desnudos digo, sin rosa, contrariando y ninguneando al icono socialista del puño y la rosa, aquella rosa que debió plantarse en algún jardín donde cierta lumbrerilla decidió meterse con riesgo serio de no salir jamás. Sin rosa y todo, Leire y Bibiana han comprendido que dado que no hay rosa ellas pueden enarbolar el puño a guisa de puño-florero, esa es la metáfora que han sugerido, que las consignitas materializadas hasta la naúsea pueden desembocar en la política-florero, tan de pose para los parterres y fotos, pero tan inútil para la realidad.

lunes 7 de septiembre de 2009

DE BUITRES Y HOMBRES

Un brillante bloguero hace pocos días comentaba que una foto como ésta (¡ojo! abstenerse personas con una sensibilidad aún sana, yo es que ya tengo pignorado mi crédito del espanto, abstenerse también de seguir leyendo) era algo así como la síntesis del horror del mundo, y que el tipejo que la hizo (que por cierto al finalizar su miserable instantánea, dejó allí abandonada a la pobre criatura a su suerte), terminó suicidándose en 1996 dos años después de haber recibido el Pulitzer por dicha fotografía. Justifica el bloguero el suicidio (que no siente pena por esa autopena de muerte). Yo pienso que gozar de la honorable salida de darse muerte es lo mejor que le pudo haber pasado a semejante sujeto, debería haber sufrido la tormentosa pesadilla de su propia conciencia, avanzando lentamente por su organismo como un río putrefacto hasta expiar tan nefando pecado el día de su muerte muchos años después, ya anciano, recordando como estuvo allí, impertérrito, con su cámara con objetivo de 500 mm esperando pacientemente durante horas a que el buitre extendiera las alas para lograr la gran metáfora nauseabunda que sin embargo a la postre le representase a sí mismo (el buitre era él, al fondo hay un espejo metafísico): pretendía denunciar el mundo pero va el muy demente y descubre tras recibir el insigne galardón que él forma parte como el que más de ese mundo cruel y deshumanizado de bienestar y opulencia que a veces echa el lagrimón por fotos como ésta, en el que algunos pocos aún preservan cierta sensibilidad y exclaman “Dios mío, cómo permites qué puedan suceder cosas así”, qué curioso esto de atribuir la culpa a Dios de casi todo aquello cuya causa obviamente proviene del ser humano: la gran paradoja es que en aquellas injusticias en que quizá moralmente sí se pudiera echar las culpas a Dios o al menos no al hombre, es cuando más se asume la carga del dolor como en un determinante acto de contrición, izándola a la chepa, interpretándola como una contraprestación a tanto pecado nada original por cierto. Imagino a la pobre niña sudanesa arrastrándose, mirándole al muy hijo de puta con ojos de compasión, de terror, rogando su ayuda mientras en su larga agonía (vendría muriendo desde hacía meses) algunas moscas ya abrevasen las últimas y exangües lágrimas de sus ojos abiertos como premoniciones de muerte en su calavera infante, imagino al sujeto haciendo gestos como de “espera, espera un poco”, y el buitre quizá aburrido ya, pensando que la especie humana ha involucionado hasta niveles mucho más carroñeros que el suyo. Imagino incluso a la madre o a algún familiar de la tribu, también famélicos por la hambruna, la sequía y la guerra, llorando sin llanto, con ese gesto que acompaña a esos seres humanos en los que el dolor y el horror se ha instalado definitivamente, e imagino al tipejo dándole algo de arroz o de agua a la madre o quizá 10 dólares o qué sé yo para que la niña aguantase un poquito más (o peor aún, quizá la madre pidiendo que se llevase a la niña, que era suya con tal de salvarle la vida, que ya no tenía más raíces que ofrecer a la criatura). En realidad la foto retrata mucho más al propio reportero que otra cosa, representa ese envilecimiento en el que puede decaer el ser humano hasta extremos impronunciables. La imagen televisiva o periodística ha hecho mucho daño en los últimos cien años, tanto como beneficios nos ha traído: ha podido aportar información tantas veces, otras se ha manipulado con objeto propagandístico, pero ya se han encargado desde tiempos de la Guerra de Vietnam o de las Malvinas incluso en insensibilizarnos con ese aluvión de información que supone hacer crónica de guerra en directo, mientras zapeas y puedes cambiar a algún programa del corazón, de esos donde cocainómanos y pederastas ventilan su últimas conquistas, o quizá con suerte una superserie de esas para adolescentes en el que la venganza o el sexo envilecido fruto del libertinaje o peor aún, la inducción al rencor y a la mentira están a la orden del día o de la noche (no sé qué cadena privada ya va a estrenar una serie llamada “906090 diario de una adolescente” con mucho sexo y lolitas, ¿pero esto qué coño es??, ¿nadie va a decir nada?, nos estamos yendo a la mierda y aquí nadie dice ni pío), en fin que me voy por las ramas… Igual que aquella niña afgana de grandes ojos azules e hipnóticos que ocupó la portada no sé si de la revista Time en los ochenta (después la niña creció y formó parte de un comando talibán como un retrato inverso pero viviente de Dorian Gray) o de aquel otro personaje que en la plaza de Tiananmen hizo frente a los tanques del ejército chino, o la más reciente de las hecatombes, cuya terrible efemérides ya cumplimos en pocos días: dos aviones hincándose como mantequilla sobre aquellas torres gemelas y orgullosas, el primer superatentado televisado cuya inefable génesis se basó en la propia imagen. En todas estas reside la propia fotografía desnuda, pero en todas cabe esa pequeña mentira y esa pequeña verdad con que se construyen las opiniones. En esta no caben debates ni medias verdades, lo que se ve es una niña agonizante y famélica, justo en medio de dos buitres disputándose la pitanza.

sábado 5 de septiembre de 2009

OFICIOS DE VERANO: EL PROFESOR PARTICULAR (y IV)

Se acabó casi el verano, y una cohorte de profesores comprobarán ahora en septiembre si sus esfuerzos particulares habrán servido para corregir las perezas generales con que el alumno distraído festejó el invierno. Porque el profesor particular intentó redimir la laxitud e impericia del arrapiezo con geometrías y ecuaciones de segundo grado, aunque el castigo del alumno goza del tercer grado penitente tras los repasos a la Historia de España, España, España, al mester de juglaría o a la generación del 98, pero esto menos, porque el profesor particular casi siempre ofrece clases de inglés o matemáticas, como más merecedoras y necesitadas de instrucción. El profe particular fue estudiante antisistema durante el invierno, y ha cambiado la leva del cóctel molotov, que no da dinero, por otra leva más honorable, sustituyendo la gafilla de empollón por la camiseta amarilla desfasada, que ya no se lleva, gachó que se ha quedado atrás de tanto mirar su ombligo incendiario y necesitado de llamas purificadoras, como un bombero de Fahrenheit 451. El profe particular afronta su septiembre provisorio como el alumno su setiembre patibulario, con esa desesperanza que tienen las sensaciones tan trágicas de tan sabidas, cíclicas como estaciones y tercas como los peores vicios: el profe regresará a engrosar las cifritas de parados y su discípulo estival las cuentas de suspensos, que este septiembre oracular, anuncian el regreso a su ineluctable rimero de guarismos deficitarios, o quizá, con suerte volverá a la universidad a ver si acaba ya teleco el canalla que lleva ya la intemerata de años, es más viejo que el jefe de la tuna que acaba de cumplir cuarenta y cinco, el muy crápula. El profe particular, polizón del verano (que surcó el mar asfaltado de la ciudad soportando con paciencia su sinecura peripatética) no se reconoce en el chaval de escasos doce años, que es capaz de romper las barreras informáticas del pentágono pero desmañado para resolver ecuaciones de segundo grado el muy cafre; no se reconoce digo en ese pasado que podría espejear ante él, pero que no hace más que radiografiarle un presente desalentador y un futuro negrísimo, pues piensa que si los destinos de una nación y del mundo deban descansar en semejante burros adictos a los videojuegos merecidamente el G20 necesita una nueva lección de gasolina en conserva. El profe particular se recrea en sus explicaciones con su alumno, se recrea porque en el fondo se lo explica a sí mismo, y ya de paso injerta propaganda panfletaria de su credo: que si el imperialismo de los EEUU, que si el capitalismo salvaje, pero el rapaz nada epigonal de tales arengas no se entera de nada, en realidad se entera demasiado, comprende que su generación se comerá dichas ideologías con patatas, imponiendo en todo caso la filosofía google que sólo reconoce la identidad de aquello que esté registrado en la red, como una versión evolucionada del Big Brother para gloria de Sergei Brin y confirmada calidad de visionario de George Orwell, que en todo caso pecó de ingenuo. Se acabó el verano, con sus depresiones postvacacionales y sus prevacaciones depresivas, con el personal ya enfangado en filas y en ergástulas cubiculares, con sus atascos apoteósicos y el spleen devorando el tiempo mientras el tiempo nos devora disfrazado de actualidad programática y fatua. Casi finalizó el verano, los cateados se presentan ahora en septiembre o setiembre que también vale, y nuestro profe ha depositado su última esperanza, la de ese futuro cada vez más negro en su pequeño pupilo.

lunes 20 de julio de 2009

FENOMENOS ASOCIALES

El éxito exponencial de Facebook (fazcatálogo en español) y otras redes sociales como Twitter (el parloteo en español), barrunto que reside en ser una plataforma de navegación potente para aglutinar a los tres pilares en los que se sustentan las redes sociales que se prodigan y multiplican como esporas; a saber, aquellos que en sus soledades, sus mocedades o sus sinsabores buscan la pareja ideal (del flirteo a la búsqueda seria de matrimonio, pasando por los estragados sexuales que alientan nuevas expectativas a su abismo interior), nuevos lazos de amistades o comunión de sus bizarras aficiones (oséase, los trenes eléctricos de juguete antiguos, las setas del Valle de Arán o la predilección por el cine serie Z años 50 norteamericano). También tenemos, el grupo de aquellos que sencillamente han usado fazcatálogo para encontrar al viejo compañero de pupitre o ese otro amor de juventud, allá cuando las primeras pelusas púbicas anunciaban un tráfago indomable de hormonas adolescentes; éste, dicen sus creadores, es el principal motor que mueve a fazcatálogo, en realidad el que subyace es el de la soledad de la gente y a veces un narcisismo patético emboscado en desafecciones afectivas: pero sin circunloquios, fazcatálogo es un nido para badulaques que no quieren dejar de tener 16 años porque quizá sigan teniendo 16 años.
Ciertamente la red, en algunos aspectos, se ha convertido en un oceánico azogue donde los narcisos se hunden en su autosuficiente bucle de onanismo: la propia identidad de los otros queda resumida en esos apodos donde el yo queda cercenado de su sustancia activa y relegado a un mero trampantojo (véanse si no algunos portales dedicados a los relatos o la literatura, que tiempo ha no visito ni publico, donde la identidad queda diezmada en un fárrago de insultos), en el “otro” el narciso frustrado casi siempre busca ser complacido, nunca correspondido, si acaso la reciprocidad es una mera argucia falsaria o hipócrita, pero sin embargo en fazcatálogo la mayoría de la gente deja su foto y quizá su verdadero nombre, como naúfragos vindicantes de identidad en un mundo necesitado de comunicación: tanto pecio después vomitado por el mar, los restos afectivos de ese océano de incomunicación abigarrado de seres atravesados por las saetas del olvido o la indiferencia. Lo curioso de este fenómeno de masas, es que quizá el individuo no habla más que consigo mismo, en un verdadero rapto de múltiple personalidad; podríamos suponer el caso extremo de alguien que se respondiera a sus propios comentarios en los foros: no hace falta, este caso ya se ha dado y se sigue dando. En realidad, el egocentrismo responde a una falta de afecto primario, el problema es que esa amputación afectiva (que a la postre busca en la extraña sociedad de la red un sucedáneo de reconocimiento que purgue como un lenitivo tanta frustración aglutinada) se busca curar en un lugar socialmente enfermo, no desde el punto de vista de salud física, sino de falacia social, en el sentido en que la gente no es ella verdaderamente pues casi siempre el anonimato propicia una faceta del yo que subliman sin reparos las riostras morales que a todo hombre subyuga su comportamiento social, ¿entonces fazcatálogo?, se hace con una personalidad “recreada” bajo mi punto de vista, una nueva opción para que el Orpheo que todo hombre lleva dentro pueda descender al infierno a rescatar a Eurídice y expiar sus pecados, su culpa que es su propia desilusión (el resumen de una vida horadada por la frustración secular, o seglar, podrán decirme). Después está el anonimato físico y esa sentina de venganzas, rencores, envidias, sumideros en suma de inquinas o desahogos vulgares en el que el narcisista frustrado excreta contumazmente su bilis y otros humores en diversos portales de la red, ya dejando a un lado el fazcatálogo. Podrían decirme: “pero oiga, eso es como ir al fútbol a gritar por no gritarle a su jefe o su mujer”. No, no: porque, ¿hasta que punto lo que hace el tipo “sabe” a ciencia cierta que tiene trascendencia real?, aquel concepto de “no realidad” del que hablaban los existencialistas del siglo pasado comienza a tomar pulso, la no realidad o alejamiento de la realidad en pos de pulsiones más viscerales donde lo mental cede terreno a la conciencia “de estar en el mundo” está tomando terreno por mor de estos inventos tipo fazcatálogo u otros aún peores de los cuales sólo tengo alguna referencia indirecta; creo que este va a ser el siglo de la “religación” (tomo el concepto del gran Dalmacio Negro, su último libro "El mito del hombre nuevo" es un remanso de cordura y sensatez intelectual frente a tanto mesías vendedor de maulas) sustitutiva del sacro internet por la profana o manida realidad entre otros terribles fenómenos asociales. Ojala me equivoque.

domingo 19 de julio de 2009

LIBERTAD Y COJERAS

Esa esencia agraz, alambicada de frutos aún de pulpa incipiente y morosas de luces estivales, nos es libada como una tibia y medicinal pócima, pero en cuyos posos de sombras, si asomamos algo la mirada, podemos descubrir, aun con miopía, los restos ponzoñosos del veneno que se inocula en nuestra sangre, hasta dejarnos lívidos y cloróticos, invadidos por una picazón terrible que nos incita a rascarnos hasta hacernos jirones la piel, pero sin embargo, hartos y convertidos en yonquis de esa esencia agraz, rogaremos a nuestros prebostes que nos asperjen con un hisopo, para aliviar la picazón que aún después del martirio desearemos volver a sufrir. Esta noria televisiva y mediática con que se nos flagela es un mecanismo complejo y constituido por tal suerte de adminículos de tortura que hubiese hecho las delicias del marqués de Sade. Nuestra piel, glabra y trémula, solicita ser flagelada y señalada con unas marcas que nos darán una identidad nueva y perversa. Las bostas del programeo con que se nutre al lumpen carecen ya de cualquier vergüenza o pudor, muy al contrario, cuanto más truculento y desafiante a la moral sea la excrecencia en cuestión, más audiencia. Decía Aldous Huxley que la dictadura perfecta sería aquella en la que “El sistema de esclavitud funcionaría de forma tal que gracias al concurso del consumo y el entretenimiento, los esclavos no tendrían necesidad de huir o rebelarse, muy al contrario, brindarían al Estado su continuo agradecimiento y sumisión”. No creo, como tantas veces se ha dicho, que Aldous Huxley fuera un visionario o alguien dotado con un don muy especial, sencillamente era un hombre inteligente con un gran sentido común, por el cual comprendió durante el convulso tiempo que le tocó vivir que las masas tienen una tendencia mórbida a dejarse adocenar (por comodidad o tibieza), y los jerarcas o mandatarios una propensión troglodita a pretender dominar al ciudadano (por perversión o miedo). Lo que más puede temer un político no es que un solo ciudadano piense por su cuenta, aunque éste sea un tipo de gran prestigio cuya opinión trascienda constantemente en los medios de comunicación (digo si ello ocurriera, que no ocurre). Lo que más teme el político de afán alienador es que una cantidad considerable de ciudadanos piensen por su cuenta aunque sea de manera escasa, porque entonces nunca podrá imponer fácilmente su criterio en aras de su conveniencia. Es más, prefiere disponer de individuos que denuesten el “régimen democrático” como prueba o piedra de toque, de que “vivimos en una verdadera democracia”. Los debates de televisión con periodistas e intelectualoides de medio pelo perorando letanías vulgares son la prueba de que el sistema ha calado incluso en la voz crítica que pudiera suponer la fuerza periodística. Se han menoscabado y pervertido hasta el hartazgo conceptos universales que debieran ser respetados con la distancia que su amplitud e universalidad implican, por ejemplo, “libertad”, hasta el extremo se degenera tal vocablo que ya se sobreentiende como mero “libertinaje”. Es lógico, cuando no pueden encontrarse signos mínimos de individualismo o manumisión en casi ningún ciudadano, se tiende a inculcar mediante agit-prop sobre algunas ideas huérfanas de ética o moral “más allá de su propio comportamiento en sociedad”, como un sucedáneo de aquella verdadera libertad que el ciudadano siente que le pica como una pierna amputada al herido de guerra, buscará entonces donde rascarse pero el Estado le dará una pierna ortopédica de plástico, como más real y verdadera que aquella otra que ya no tiene. Otra idea “desidealizada” de contenido en aras de hacer ingeniería semántica y así tener contento a todo el mundo (por el paraíso de libertades y progreso que respira) es la de “democracia”, que viene a ser poder del pueblo etimológicamente y que si mal no recuerdo exige a priori tres cosas para poder ser establecida: separación de poderes, sufragio universal y ¿vigencia de los derechos humanos y derecho a la vida era el otro pilar?, algo así, vale: el caso es que separación de poderes…, que me digan a mí hasta que extremo no está el ejecutivo insertado en el judicial, sufragio universal: claro, y plebiscitos mil, pero no deja de ser una autarquía en el que el partido elegido hace y deshace las leyes a su antojo sin la participación directa o indirecta del ciudadano, y por último, ¿la última ley del aborto y la futura del suicidio asistido o eutanasia es congruente con ese principio?, “pero no oiga, usted es un fascista, usted es un antidemócrata, este es un sistema libre y maravilloso en el que cada cual es libre”. Sí claro, si lo veo todos los días en la tele: las bostas excretadas por los periodistas que son como la punta del iceberg de esta superdemocracia de piernas ortopédicas. ¡Vivan los cojos libres!